Rosa Alvarao

A veces, cuando mi abuelita está acostada, sus ojos ven hacia un lado y hacia el otro. La pared se torna de pronto verdeagua, igual que el humo de leña fiel. Los cuadros tienen alas, y vuelan como golondrinas en verano, rozando el río de su cubrecama. Ella sonríe, y se eleva como una mariposa de monte, entre las nubes blanquísimas de tantos recuerdos.

Cuando todos creen que duerme, ella toca un piano en el viento tibio que a veces los humildes sienten en el rostro. El piso de madera se vuelve de piedras blancas, ovaladas, bañadas por agua dulce que canta bajito. Sus cabellos huelen a canelo, y sus manos a luma. Con palillos de tardes de verano teje un chal que nos abriga a todos, del color que mezclan el cielo y una hoja de eucaliptos. Y gira como una semilla llevada por el viento, adornada de chilcas. ¡Baila y baila su corazón con un ángel que, cuando todos creen que ella duerme, se inclina a los pies de su cama, y la cubre con sus alas!

16-08-2005

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