Rosa Alvarao

Dedicado a Tía Marlene y a mi mamá, la Chabel.
Cuando mi abuelita llevaba tiempo en cama por
los efectos de la 1era trombosis, ellas fueron, cada
una en meses diferentes, y la sacaron a pescar.
¿Cuánto pescó? 10 robalos.
.
10 robalos, peces grises,
cabezones, no muy raros.
Los anzuelos, las lombrices,
y unos sorbos de enmurtado.

Hace tanto la viejita
no se hacía a la mar:
“¡Es que tanto año ha pasado!
Y las lienzas… ¿Dónde están?”.

“Donde siempre” dice ella,
estirando su manito
a una viga medio ahumada.
“¡Ha ninguna parte han ido!”.

Y sus botas muy gastadas
ella calza, y sonríe.
Su sombrero blanquecino,
y un puñado de lombrices.

.
Baja rauda, cual valiente
se enfrentara a gran titán.
Y de un salto sube al bote,
como antes, ¡a la mar!

Copiloto emocionado
son sus hijas; lo han logrado.
Y de nuevo el sol y el viento
con el bote van cantando
que La Rosa, hoy y siempre,
¡a los mares ha domado!

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