Rosa Alvarao

"Mi mejor amiga es la Caícha. Cuando niñas, jugábamos en una pampa, cerca de un estero, a darnos vueltas de carnero. Una vez calculamos mal la vuelta de carnero, y una se cayó al estero, y la otra la salvó de morir ahogada. Por eso la quiero tanto a mi amiga".


La señora Caícha vivía a la salida de Corral, en una gran casa antigua. Cuando chico, yo decía que me iba a casar con ella. "Mi novio" me decía. Era risueña y simpática, de voz y modales suaves. Y con esa humildad y olorcito a pan amasado que caracteriza a las viejitas del sur. Ahora está en el cementerio de Amargos, que mira al mar. Igual que su casa.
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