Rosa Alvarao

Mi abuelita cuenta que ella siempre tuvo gran interés por educarse, aunque las circunstancias no la acompañaban. Su abuela, la señora María del Rosario Sáez, no sabía leer y por ende, no le podía enseñar. Para aprender a leer, mi abuelita me cuenta que miraba atentamente a sus primas estudiar en sus cuadernos, y repetía en voz baja lo que ellas decían en voz alta. Luego, cuando las muchachitas dejaban sus libros de lado, ella se acercaba, y miraba las letras. Se hizo un cuaderno de papel café, de ese en el que viene el azúcar por grandes cantidades, y en él copiaba las letras. Lo hizo muchas veces, hasta que finalmente aprendió a leer, y a escribir.
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