Rosa Alvarao

Mi abuelita me cuenta que de niña, ni su papá ni su abuelita tenían dinero para comprarle una muñeca, así que ella se tallaba toscas muñecas de madera. Cuenta que una vez sus primas estaban jugando con sus muñequitas de porcelana, y se rieron de ella y su muñeca de madera. A lo que la Rosa Alvarado, que nunca ha sido buena para soportar burlas, cogió su muñecota de madera por los pies, rompió con ella las muñecas de porcelana de sus primas, y para que el oprobio quedase bien vengado, le dio un feroz muñecazo a cada una de las burlonas en la cabeza. Brotó la sangre.

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