Rosa Alvarao

Cuando hacía mucho frío en San Juan, mi abuelita bajaba al camino, elegía una piedra bien grande, redonda, y la dejaba por horas sobre la estufa a leña. Luego, a la hora de dormir, la dejaba entre las sábanas, cerca de los pies. Se mantenían calientes hasta el amanecer, y eran muy efectivas contra el frío invierno sureño.

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