Rosa Alvarao


Tía Tato me cuando que cuando era pequeña y mi abuelita tenía que salir con ella en bote, la dejaba en la popa, abajo del asiento, cuando salía mucho viento. Un día mi abuelita la dejó en Corral, se subió a su bote, y enrumbó a San Juan con un gran temporal. Dice mi tía que los barcos tocaban la sirena para decirle que se devuelva, que con esas olas era una muerte segura, pero la Rosa Alvarado, brava como es, seguía adelante entre el viento y las olas. Y eso que no sabe nadar.

También me cuenta que, de niña, en la isla querida que vivió mi abuelita, ella la acompañaba a las chacras. Luego, ella misma se hacía una pequeña huerta en la que sembraba de todo, pero sólo crecían repollos. Mi abuelita los cosechaba, y ella se comía los tallos. Pero no era todo; iba a la huerta de mi abuelita, y se comía las zanahorias cuando recién empezaban a crecer. Mi abuelita la retaba, ella se subía a un cerezo con una bolsa, y la llenaba de cerezas corazón de paloma, para luego dársela a mi abuelita; con semejante tributo a la Rosa se le pasaba la rabia.

0 comentarios: