Rosa Alvarao

En una de nuestras numerosas idas a San Juan junto al Pancho, llegamos a Corral. Un desconocido se acercó y saludó amablemente a mi abuelita. “¡Hola señora Rosa, cómo está!”. Es muy frecuente que gente aparentemente desconocida se acerque a mi abuelita a conversarle; es que La Rosa Alvarado ayuda a todo el mundo, y por eso todo el mundo le tiene afecto. Pero tanta es la gente, que muchas veces mi abuelita ni siquiera sabe quiénes son, y responde por cortesía. Esta vez no fue la excepción, pero el resultado sí que fue diferente:
- “Hola hijito, cómo ha estado?” respondió cortésmente la Rosario, aunque por su cara, para Francisco y yo era evidente que no tenía idea de quién la saludaba.
- “Bien señora Rosa, Gracias”.
- “¿Y tu mamá cómo sigue?”
- “Mi mamá se murió cuando era chico, ¿se acuerda?”.
- “Ah…” (y para arreglarla, mi abuelita insiste). “¿Y tu papá cómo está?”.
- “También se murió…”.
- “Ah… Pero ¿y tus hijos? ¡Deben estar grandes!”.
- “No tengo hijos”.
- “¿Y tu señora?”.
- “Nunca me casé…”.
- “Ya, me tengo que ir, que estés bien hijito”.
- “Chao señora Rosa. Gracias…”.
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Foto de poesiadehabitacion.blogspot.com

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