Rosa Alvarao

Rosa, yo no te he olvidado.
Ni las tardes de verano,
ni el columpio ni el manzano.

Rosa, yo no te he olvidado,
ni tus viajes por el monte,
o remando en el mar bravo.

Rosa, yo no te he olvidado
ni las mañanas frías de invierno
en las que me hacías sentir abrigado.

Rosa, yo no te he olvidado,
ni tus manzanas al horno,
ni mosquetos, ni enmurtados.

Rosa, yo no te he olvidado,
ni mis idas a la escuela
sobre tus hombros cansados,
cubierto con una bolsa,
para no quedar mojado,
y tú, empapada de la lluvia,
con tu caminar esforzado.

Rosa, yo no te he olvidado,
ni las noches de fantasmas
en las que despertaba agitado,
ni tu voz cálida y serena
en la que otra vez dormía calmado.

Rosa, yo no te he olvidado,
ni tus leyendas ni relatos
de las que tanto me has hablado,
de las que tanto ahora escribo,
y a mi pequeño ahora canto.

Rosa, yo no te he olvidado,
ni a tu mirada humilde y pura
con la que tanto amor me has sembrado.

No, Rosa, yo no te he olvidado…
Ni tu delantal con olor a leña
al que tanto he añorado
cuando del mundo y su desprecio
quiero sentirme cobijado.

Rosa, yo no te he olvidado,
y si pudiera retroceder el tiempo, tomar un tren, y viajar callado,
me acurrucaría en tu regazo,
y por siempre me quedaría allí, Rosa, a tu lado.






Maravillosa foto tomada por tía Sandra o la Rocío, no lo sé muy bien.

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