Rosa Alvarao

Hubo una vez… Era de noche. Y las noches en San Juan, sin luna como la noche de la que os hablo, son oscuras como boca de lobo. Mi abuela dormía, y de ponto, sintió frío en las piernas. Media dormida trató de arroparse, pero… Despertó. El frío que sentía en sus piernas era porque las tenía hacia afuera de la ventana. Algo en la negrura de la noche la sujetaba por los tobillos y la halaba hacia la oscuridad… Mi abuela se sujetó del marco de la ventana, que la misteriosa fuerza había abierto mientras ella dormía. Clamó a Dios… Y se libró. Lo que quiera que sea que pretendía llevársela, la dejó ir. Ciertamente esa noche fue oscura, como boca de lobo.

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