Rosa Alvarao

Una vez, cuando niño, como a los 6 años quizás, mi abuelita fue a picar leña cerca del estero que está en la parte de atrás de su casa, ya casi anocheciendo. Yo estaba en la cocina, y escuchaba el golpeteo del hacha contra el palo, pero de súbito se detuvo. Supe que algo estaba mal. Salí, y mi abuelita sangraba profusamente; una gran astilla había saltado, y le había perforado el rostro. Yo recuerdo hasta ahí. Lo demás, me lo contó mi abuela: Dice que estuvo toda la noche sangrando, y yo iba sacando las sábanas de todas las camas; se empapaba una, y la cambiaba por otra. Me dice que me mandaba a acostar, pero que no lo hice. Luego aparecen mis recuerdos de nuevo: Desperté, y mi abuelita no estaba. Me había dejado dormido, de madrugada, y ella había partido al hospital para detener la hemorragia. Como al mediodía apareció, con un gran parche blanco en su cara. Yo estaba feliz de verla.

0 comentarios: