Rosa Alvarao

“Cuando era niña, vi por la ventana una luz roja en el cerro de enfrente. De repente comenzó a dar saltos, y a bajar. Cuando venía ya cerca del río, mi abuelita me preguntó que qué estaba mirando. “Esa lucecita” le dije, apuntando al punto colorado. Ella, muy afectada, cerró rápidamente la ventana, corrió la cortina y puso la traba a la puerta. Tomó un cuchillo, y dibujó en la madera una marca misteriosa. Luego apagó las velas, me abrazó, y me dijo que no hiciera ruido ni para respirar. Comenzó a susurrar un rezo que yo no había escuchado antes. Cuando la luz llegó hasta nuestra casa, pude ver su fuerte resplandor rojo por debajo de la puerta moviéndose de un lado a otro. Mi abuelita me tapó los ojos y me apegó hacia ella. Es que era la noche en que los brujos salen a andar….”.

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