Rosa Alvarao


Hace unos meses estuvimos en casa de Tía Mimi, y nos contaba algo de lo que la gran Rosa Alvarao también nos había hablado: Mi abuelita siempre contaba que con mi tía Mimi salían a pelillar, y con la plata de la venta del pelillo iban a Corral a comprar los víveres. Como muchas veces no pasan autos que lo lleven a uno, y pagar a alguno de los choferes que hace fletes es muy caro, tenían que caminar no más. A mi abuelita le gustaba caminar rápido, pero mi tía Mimi se iba quedando siempre atrás. Tía Mimi es muy escrupulosa, así que pronto mi abuela encontró la forma de hacer que se apure: Como mi abuelita se adelantaba, se tiraba peos; mi tía Mimi se cubría la nariz, diciendo: “¡Dios mío, la señora Rosita!”, y para no oler semejante buqué comenzaba a caminar más rápido, y se veía obligada a ir al ritmo de mi abuelita. Mejor no quedarse atrás. 

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