Rosa Alvarao

En Enero del 2012 mi familia y yo estuvimos de vacaciones en San Juan, y nos alojamos donde tío Juan. Él nos contaba que cuando mi abuelita estuvo los últimos meses en cama, él iba y le decía: “Mami, cuando alguien la venga a ver, usted le tiene que decir que le traigan un regalo” y mi abuelita, pícara, asentía. Y cuando alguien la iba a ver, mi abuelita conversaba con la visita feliz de la vida. Luego, cuando la visita se tenía que ir y se despedía de ella, mi abuelita les decía: “¿Cómo, ya se van? ¿Y no me trajeron ni un huevito o unas manzanitas siquiera?”,  y la visita, roja como un tomate, no sabía qué decir. 

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